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Uno no se hace del Atleti de pequeño porque gane esa temporada más partidos que nadie, o porque cuente en sus filas con un jugador determinado que además es una superestrella... No. Uno ya nace con ese don en la sangre. Creo que somos del Atleti porque nuestra sangre es especial, es rojiblanca. Y ahí está la magia. Ser del Atleti aunque gane o pierda, aunque cada partido pueda ser un sufrimiento. Eso sí, cuando ganamos, es apoteósico.
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